Postfazione di Carlos Parma
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La obra de Nicola Viceconti es una luz en el camino. Retrata al hombre que gana dignidad en el dolor y enseña que ciertas luchas pueden más que una verdad abrumadora, que la roca firme vence al mar enbravecido. Prontamente el texto nos coloca ante lo irremediable, el evidente quebranto de un Estado “enfermo”, la elocuencia de un silencio terminal, el SER frente a un desenlace trágico, único, insoslayable… la huella que deja lo que pudo ser y no fue… Sin embargo, la generosidad del autor, nos convoca a “abrir una puerta” … aquella que nunca debió cerrarse. En tiempos de desencanto, donde la cultura de lo efímero y banal suele ser de tratamiento cotidiano, la construcción de “verdades líquidas” una moneda corriente y la fascinación del hedonismo un modo de interactuar, la PALABRA justa, fresca y comprometida de los personajes centrales de este libro son un bálsamo entre tanta ignominia. Valiéndose de un prolijo lenguaje, Viceconti opta por la novela como género, esto me impone una máxima de reservCa en torno a lo que aquí sucede. Un imperativo moral me lleva a confesar que sufrí en carne propia aquellas épocas de espanto y desolación que correctamente se relatan con crudeza en este texto. Creo entonces tener una mínima autoridad para recomendar este libro al lector agudo y pensante, aquel que irradia sensibilidad y sueña con un mundo mejor. La errática legislación, doctrina y jurisprudencia de este país, promueve el desaliento. Un gran número, pero no menor, de madres, abuelas y familiares en general de desaparecidos y víctimas de una dictadura encarnizada, sumergidos en arcanos recuerdos y empujados por la memoria de sus seres queridos esperan aun el desenlace. Aquel que tantos y tantas veces le han prometido. Por eso es necesario congratularse con una novela que rescate los derechos humanos. Es que el hombre, sublime y gozoso, debe elevar su espíritu ante la majestuosa presencia de estos derechos universales, inalienables, innatos, irrenunciables, intransferibles e imprescriptibles, para promoverlos y defenderlos incansablemente, como lo hicieron en aquel acto fundacional del 30 de Abril de 1977 las madres de Plaza de Mayo y las valientes Abuelas de Plaza de Mayo. El libro sirve también para “despertar conciencias”, para reflexionar una vez más sobre tiempos pretéritos, para estimular el pensamiento crítico. El lector sensitivo y de madura edad seguramente se emocionará al ver las citas de la JUP, experimentará tal vez la tersa levedad de remotos momentos y revivirá lejanos ideales. Desde lo prístino el libro relata los “idus de Marzo” del año 76, aquellos que trajeron los lúgubres pájaros mensajeros del dolor. Un primate, con mortesina figura, comandaba el País . Como solía decir Paquito Urondo: habían “fusilado la patria”. Estábamos “a la intemperie”, el SER era sólo un punto en el curso lineal del tiempo… Fue precisamente en aquel tiempo cuando tuve la agónica revelación que alguien había robado nuestros sueños. A pesar de este lacónico designio, agradezco al autor que haya generado un personaje de FE que nunca renuncia a la lucha… que se levanta… que sigue íntegro… que cree … No en vano opta por el género femenino. Es que “Paula” es “Beatrice”, es “María”, es “Juana Azurduy”, es una y es todas… Hay dos cuestiones que no deben soslayarse: en primer lugar que el libro se encuentre precedido por palabras de agradecimiento de Estela de Carlotto. Se trata de un dato excluyente, pues este EJEMPLO DE LUCHA, que fue, es y será esta ABUELA, la cristalizó como uno de los seres más trascendentes que dio la historia Argentina en materia de Derechos humanos. Se torna destacable también a todas luces que un ciudadano Italiano componga este texto. Por un lado nos da una visión de cómo alguien que vivió en otra tierra interpreta y analiza épocas difíciles si las hubo. En otro orden es un ejemplo que alguien de aquella lejana patria se atreva a decir cosas que los propios argentinos deberían contar y por supuesto optan por callar. Viceconti se ha trascendido a si mismo, el personaje lo ha eclipsado, su heroina puede más, es la llave de hierro que abre todas las puertas, es la esperanza, la Argentina que cree, que nace … que sueña. |
Carlos Parma, Giudice |
www.carlosparma.com.ar |
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